Ca la Manyana conserva todo el calor y el encanto de las antiguas fondas de pueblo catalanas. Confort, tranquilidad y familiaridad son las sensaciones que se respiran sólo al traspasar el lindar de la puerta y que hacen que enseguida los huéspedes se sientan “como en casa”. Se caracteriza por su ánima fondista que une una elevada profesionalidad con una implicación vocacional de su oficio, de esta forma se puede garantizar a sus clientes una gran calidad en el servicio, y una acogida cálida y personalizada. El cuidado de los detalles y el trato familiar configuran un estilo de entender y practicar la hostaleria muy nuestro.